Grandes irrigaciones: ¿la mejor opción?

CEPES. Grandes irrigaciones: ¿la mejor opción? Publicado en: La Revista Agraria 122, Agua y Riego, septiembre 2010, Perú.

 

En las últimas tres décadas, el Perú ha invertido más de 4 mil 500 millones de dólares en obras de irrigación, sobre todo en la costa. Sólo Brasil y México, los países más grandes de América Latina, han invertido más. ¿Ha valido la pena la inversión? Según un estudio de GRADE, las 180 mil hectáreas nuevas ganadas, y el mejoramiento del riego de otras 195 mil más, han requerido una inversión de 12 mil dólares por hectárea, llegándose en el caso de Majes, en Arequipa, a los 40 mil dólares por hectárea, montos mayores al valor de mercado de una hectárea bajo riego.

Más aún: estos proyectos han agravado el problema de salinización de los suelos, que afecta a alrededor de un tercio de todas las tierras de cultivo de la costa. La paradoja es que, por un lado, se hacen grandes inversiones para ganar tierras de cultivo y, por otro, al mismo tiempo se van perdiendo, pues la salinización reduce la fertilidad de los suelos hasta anularla.

¿Por qué se hacen, entonces, estas grandes obras? Muchas razones influyen. Una de ellas son las reclamaciones regionalistas. Las poblaciones en las regiones esperan que la incorporación de nuevas tierras les abra nuevas oportunidades, expectativa justa, pero no necesariamente respaldada por la realidad, pues a las tierras nuevas ganadas, como las de Chavimochic en donde una decena de empresas tienen la inmensa mayoría de las tierras y las de Olmos en donde los lotes mínimos que serán vendidos próximamente son de 500 y mil hectáreas, no acceden los lugareños, incluidos los empresarios de la región, debido a los grandes montos de inversión que se requieren: a 4 mil 250 dólares la hectárea se necesita 4. 25 millones de dólares para comprar un lote de mil hectáreas, a lo que se debe agregar miles de dólares adicionales de inversión para entrar a la fase de producción. En estas condiciones, solo grandes inversionistas nacionales y extranjeros, pueden acceder a esas tierras. Los lambayecanos serán sus empleados y obreros.

La decisión de vender en grandes lotes es de naturaleza política, más que económica. Desde el gobierno de Fujimori, los gobiernos han optado por el neo latifundio exportador como eje de la estrategia de modernización de la agricultura costeña, opción que agudiza las desigualdades en la distribución de un recurso que es tan importante para más de millón y medio de familias. Otras opciones más incluyentes y equitativas son posibles, sin desmedro de la eficiencia económica. La colonización de San Lorenzo, en el departamento de Piura, es un buen ejemplo de una obra de irrigación cuyas tierras fueron transferidas a medianos y pequeños agricultores, quienes han tenido éxito y buen número de ellos son exportadores. Este tipo de agricultura aporta mucho más a un desarrollo regional, mientras que los grandes neo latifundios adoptan con frecuencia características de enclaves.

Publicado por: Centro Peruano de Estudios Sociales-CEPES. Lima, Perú

 

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