Ecuador busca un manejo sostenible del agua.

Moreno V.  Ecuador busca un manejo sostenible del agua.

Mayo de 2005, Ecuador.

El Ecuador es uno de los países con mayores reservas de agua en la región. Sin embargo, su mal manejo y desigual distribución generan serios conflictos ambientales, sociales y económicos.  Varios temas están en discusión en torno al agua. En primer lugar, la drástica disminución de los caudales. Según informes del Sistema de Capacitación para el Manejo de los Recursos Naturales Renovables, CAMAREN, en los años 60, un arroyo que en el mes de agosto disponía en promedio de 100 litros de agua por segundo, hoy apenas tiene 40 l / seg.

Robert Hofstede, Coordinador del Proyecto Páramo Andino, afirma que esto se debe a la falta de conocimiento del ciclo hidrológico y la función que cumplen los ecosistemas. En el Ecuador, no existen medidas para evitar la degradación del bosque protector y el páramo, sistemas naturales de almacenamiento de agua. «Tampoco hay un entendimiento de que el agua viene de un lugar y se va a otro; que es el eje que ayuda a mantener la relación  ecológica y  económico-cultural».

En el sector rural, la conflictividad por el agua es enorme debido a su baja disponibilidad. El 85% del agua utilizada en el Ecuador se destina al riego. Durante aproximadamente 30 años, esta actividad estuvo a cargo del Instituto Ecuatoriano de Recursos Hídricos, INERHI. Lamentablemente, según un informe elaborado por el Global Water Partnership, en este período, la institución descuidó la administración del agua y la definición de políticas, planes y estrategias de desarrollo, pues centró sus esfuerzos en el diseño y construcción de sistemas de riego. Actualmente es el Consejo Nacional de Recursos Hídricos, CNRH, es el organismo encargado de regular la actividad; sin embargo, a criterio de Antonio Gaibor, Coordinador del Foro Nacional de Recursos Hídricos del Ecuador, el CNRH aún tiene una visión estrecha y un presupuesto limitado.

El país posee 25, 2 millones de hectáreas cultivables, de las cuales solo ocho millones están bajo procesos productivos de las cuales 843 mil tienen riego, que representan el 12%. En 150 mil has., los sistemas fueron construidos por el Estado. El número restante constituye riego privado de dos tipos: hacendado y campesino. «El riego campesino fue hecho sin ayuda del Estado, con inteligencia y fuerza campesina; sin embargo tiene deficiencias», asegura Gaibor. «Al ser canales construidos sobre tierra, existe un desperdicio muy alto de agua que se filtra».

La contaminación del agua es otro factor que influye en la disponibilidad del recurso para el consumo humano; así como en la subsistencia de especies de plantas y animales que dependen de éste. Una de las causas es el desarrollo industrial «poco amigable» con el medio ambiente. Así lo demuestra claramente la industria petrolera, cuyo desarrollo, por más tres décadas, evidencia la falta de conciencia socio ambiental. Otro ejemplo es la contaminación por eliminación de desechos sólidos. «Los municipios no tienen sistemas de tratamiento de desechos; simplemente los botan a los ríos (con excepciones en Loja, Zamora y El Oro); tampoco existen sistemas de tratamiento de aguas residuales», afirma Gaibor.  La gestión del agua es un tema complejo en el que intervienen diferentes actores. Para el campesino el agua da vida a sus cultivos; para el habitante de la ciudad, es un servicio básico; para las culturas indígenas el agua es generadora de vida; para la naturaleza, es el elemento que da vida a un ecosistema.

No podemos dejar de lado, el problema de la inequidad en la distribución del recurso, que demanda medidas urgentes. La cobertura de los servicios de agua potable y alcantarillado en los hogares no supera el 40%. Las diferencias de cobertura entre la zona urbana y la zona rural son desproporcionadas. Para Hofstede, es injusto que la gente de escasos recursos no tenga acceso al recurso y, al mismo tiempo, sea quien paga un precio mayor por un recurso de baja calidad.  Tanto Hofstede como Gaibor coinciden en señalar que una gestión sostenible y equitativa del recurso demandan una mirada a largo plazo que permita: Desarrollar una enorme conciencia en la sociedad sobre la importancia del agua y las amenazas que enfrenta por la mala gestión; observar las interrelaciones del agua con la biodiversidad, sus fuentes, los ecosistemas y la gente que habita en ellos; ver la necesidad de enfrentar el problema de la inequidad en el acceso. Este cambio en la mirada sobre el uso productivo de los recursos naturales demanda, también, una institucionalidad diferente, democrática, que fomente procesos participativos; el fortalecimiento de la capacidad de gestión de las instituciones: aumentar su eficiencia técnica, económica, social; y, el desarrollo de capacidades locales para la gestión del agua, de manera que los usuarios puedan responsabilizarse por el cuidado, administración, operación y mantenimiento de los sistemas directamente.

Por Verónica Moreno
UICN – Sur
http://www.sur.iucn.org/

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