Agua para el agro: posibilidades y problemas

Eguren Fernando. Agua para el agro: posibilidades y problemas.

Publicado por CEPES en: La Revista Agraria 146, noviembre 2012, Perú.

Perú es uno de los países con menos tierra cultivable por habitante, uno de los veinte países del mundo con mayor disponibilidad de agua: aproximadamente 72,510 m3/ habitante/año. Pero cerca del 98% del agua está en la vertiente del Atlántico, mientras que dos tercios de la población y cuatro quintas partes del PBI están en la vertiente del Pacífico, que dispone de menos del 2% del agua. . En la vertiente del Pacífico hay 62 cuencas hidrográficas, pero 80% de ellas reciben muy poca agua la mayor parte del año, por lo que requieren de represas y en varios casos, de trasvases desde la vertiente atlántica.

Así como el Perú es uno de los países con menos tierra cultivable por habitante, es en contraste, uno de los veinte países del mundo con mayor disponibilidad de agua alrededor de 72,510 m3/ habitante/año. Pero sabemos que, por su heterogeneidad y complicada orografía, los promedios en nuestro país dicen poco: cerca del 98% del agua está en la vertiente del Atlántico, mientras que dos tercios de la población y cuatro quintas partes del PBI están en la vertiente del Pacífico, que dispone de menos del 2% del agua. En la vertiente del Pacífico hay 62 cuencas hidrográficas, pero 80% de ellas reciben muy poca agua la mayor parte del año, por lo que requieren de represas y en varios casos, de trasvases desde la vertiente atlántica. Esto no deja de acarrear problemas y resistencias entre regiones, como se puede apreciar en los conflictos entre el Cusco y Arequipa, por la irrigación de Majes-Sihuas, con aguas trasvasadas del río Apurímac; entre Piura y Lambayeque, por el trasvase del río Huancabamba a Olmos; y entre Huancavelica e Ica.
Hay que recordar también que no hace mucho, el Congreso se vio obligado a derogar la ley que declaraba de necesidad pública e interés nacional la ejecución del Proyecto de Trasvase del río Marañón y la construcción de la presa y la derivación del río Huallaga que tenía fines energéticos y agrícolas, presionado por las federaciones de comunidades nativas temerosas de un proceso de transformación de la Amazonía.
El continuo crecimiento de la población y de la concentración económica en la costa ejercerá presiones mayores por el recurso hídrico, al mismo tiempo abundante y mal distribuido, y demandará del gobierno actual y de los gobiernos futuros la capacidad de manejar con solvencia y sentido de equidad un horizonte que puede ser muy preocupante.

La depredación de los acuíferos.
Además de las aguas superficiales, están las aguas que se encuentran en el subsuelo, sobre todo en la vertiente del Pacífico, cuyo volumen total se estima en 2,700 millones de metros cúbicos. Algunos acuíferos han sido sobre explotados y otros están en camino de serlo. Es el caso del valle de Ica, donde sus tres acuíferos, Ica, Villacurí y Lanchas, están sobre explotados respectivamente en 76%, 262% y 100%, según un informe de la ANA. Una de las causas reside en la expansión de áreas de cultivo de espárrago para la exportación de alrededor de 10 mil hectáreas, cultivo que es muy exigente en agua.
La incapacidad del Estado para enfrentar esta situación se evidencia por el hecho de que tan solo el 26% de los pozos de agua están autorizados, el 74% restante son ilegales. También es la ilustración de una agricultura que puede calificarse de depredadora: Diez grandes exportadoras migran de Ica al norte por agua, huyendo del inminente estrés hídrico y de la salinización de los suelos que ellas contribuyeron a crear, anunciaba el diario Gestión, el 6 de setiembre de 2012. Luego de agotar el agua y deteriorar los suelos en un lugar, van a hacer lo mismo en otra zona.

La sierra también necesita riego.
En la costa no es posible la agricultura sin riego, porque no llueve. Pero aunque en la sierra sí hay precipitaciones, el riego es muy importante, pues la agricultura con riego es menos vulnerable que aquella que solo depende de las lluvias, cuya frecuencia e intensidad son cada vez más imprevisibles debido al cambio climático. Centenares de miles de familias, pobres la mayor parte de ellas, dependen de la agricultura para su alimentación y para sus ingresos monetarios. El cultivo bajo riego tiene mejores rendimientos, por lo que es cada vez más importante para la seguridad alimentaría del país. Sin embargo, la mayoría de pequeños agricultores de la sierra no tienen acceso al agua para riego, pues el interés de los sucesivos gobiernos ha sido invertir en riego solamente en la costa. Las áreas irrigadas en dicha región son alrededor de medio millón de hectáreas. En este contexto, es alentadora la declaración del ministro de Agricultura, Milton von Hesse, de que este gobierno destinará mil millones de soles, más de 380 millones de dólares para el desarrollo del riego en la sierra. En la selva alta hay zonas donde se requiere riego complementario en periodos de escasas precipitaciones, para cultivos que requieren mucha agua, como el arroz y la caña de azúcar. Se considera que en esta región hay más de 100 mil ha bajo riego.

Usar bien el agua
No basta acceder al riego; también hay que hacer un buen uso del agua. En muchas zonas se usa en exceso, lo que no solo reduce las áreas irrigables, sino que también contribuye a la salinización de los suelos y a su consiguiente reducción de fertilidad. Se estima que en la costa hay entre un tercio y cuatro quintas partes de las tierras de cultivo afectadas por algún grado de salinización.
Se considera que la eficiencia total del uso del agua en los sistemas de riego es aproximadamente del 35 %, debido a las deficiencias de los sistemas de riego, a una mediocre gestión y a la inadecuada y poco mantenida infraestructura. Una evaluación realizada hace pocos años, constató que solo el 15% de los 55 mil kilómetros de canales considerados se encontraban revestidos.

Excesiva contaminación
La contaminación del agua es también un problema mayor. Las industrias extractivas, tanto la minería como la explotación de hidrocarburos, son muy contaminantes, aunque las tecnologías más modernas, la presión de la población afectada y una cierta mejora en la legislación ambiental tienden a reducir la contaminación.
Más contaminante es la minería informal, difícil de combatir por la gran cantidad de
trabajadores que dependen de ella para sobrevivir y por la poca disposición del Estado de investigar a los grandes capitales que la alimentan y hacen posible.
Los deshechos de las ciudades son asimismo grandes contaminantes menos del 30% de las aguas residuales son tratadas; así como la industria, incluyendo la pesquera. Son muchos los desafíos que el país debe enfrentar para aprovechar, de manera equitativa y sostenible, un agua de calidad. Corresponde a las instituciones públicas, y particularmente al Sistema Nacional de Gestión Pública y a la Autoridad Nacional del Agua, una responsabilidad principal, pero también debe de comprometerse más activamente a la sociedad civil.

http://www.larevistaagraria.info/content/agua-para-el-agro-posibilidades-y-problemas

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